EL TURISMO Y EL PRECIO DE LA VIVIENDA – BIENVENIDO MISTER… ¿Turismo? ¿sí, Gracias?

Lo que se ha de hacer es domesticar la actividad y no fundamentarla solo en lo cuantitativo sino más bien en lo cualitativo y que sus beneficios sean más inclusivos. Se percibe que hay movimientos en contra. Quienes estiman que los turistas suponen una suerte de invasión. Que la urbe y muchos de su espacios se convierten en una suerte de parque temático. Que cientos y cientos de visitantes pueblan pisos y residencias transformadas en hoteles por obra y gracia de Airbnb, en unos casos de carácter familiar, y en otros, para dedicarse a la fiesta sin ningún género de miramiento con los vecinos.

Indudablemente que todo eso verdad. Pero también hay quien dice que todo esto tiene de positivo que estamos frente a una de las actividades que más aporta y que no hubiese sido igual la crisis sin este negocio. Dicen que quince de cada cien euros de riqueza que se producen en ciudades como Barcelona proceden de alguna manera de esa actividad. Y por lo menos diez de cada cien trabajos tienen algo ver con la actividad. Lo que no dicen es que esos trabajadores ya no se pueden permitir vivir, ni de alquiler.

Hoteles, bares, restaurantes… viven, unos de manera directa y otros, indirecta, del turismo. Es un campo básico y estratégico.

Las ciudades no pueden permitirse echar a perder uno de sus mejores activos. Se trataría, pues, de buscar el equilibrio y de que el turismo no sea solo cuantitativo sino más bien cualitativo y que lo que aporta sea más inclusivo para el conjunto de la ciudadanía. Pero es fácil decirlo, y no parece fácil hacerlo. Mientras tanto una parte de los ciudadanos buscan organizarse en iniciativas novedosas para el acceso a la vivienda, como una cooperativa de viviendas.

Las construcciones madrileñas no van a poder tener más del setenta y cinco por ciento de sus residencias destinadas al empleo turístico. El proyecto de decreto del Gobierno regional limita el número de inquilinos dependiendo del tamaño del piso. Ningún edificio de la Comunidad de la capital de España va a poder tener más del setenta y cinco por ciento de sus residencias dedicadas al alquiler turístico. De esta manera lo establece el boceto de decreto que termina de publicar el Gobierno de la Comunidad de la capital española, que afirma además que, si todo la edificación es de un solo dueño, el límite de pisos de turísticos baja al cincuenta por ciento.

La futura regla, cuyo contenido ya se avanzó el pasado verano, establece además de esto un número máximo de inquilinos en dependencia del tamaño del inmueble: por poner un ejemplo, bajo veinticinco metros cuadrados útiles no se va a poder arrendar a más de 2 personas.

La regulación que plantea el Gobierno de Madrid apunta que los pisos turísticos de la zona van a tener que poseer un certificado de pertinencia, un seguro de responsabilidad civil y cumplir una serie de requisitos mínimos, como tener calefacción o bien extintores. Además de esto, el texto deja a las comunidades de vecinos prohibir por medio de sus estatutos el empleo turístico en sus edificios, considera a las plataformas como Airbnb empresas turísticas, susceptibles de ser sancionadas por incumplimientos, y fuerza a los dueños a remitir a la Dirección General de Policía la información relativa a la identidad de los inquilinos.

Existe la necesidad de amoldar la legislación a las nuevas realidades. Empresas como AirBnB han extendido enormemente la oferta de residencias turísticas, tanto de particulares que ofrecen sus viviendas primordiales ciertos días por año, como de pisos solamente dedicados a ello.

Las residencias van a poder alquilarse completas o bien por habitaciones, como hasta el momento. No obstante, se establece que en los pisos por debajo de veinticinco metros cuadrados útiles se van a poder alojar un máximo de 2 personas; entre veinticinco y cuarenta metros cuadrados, hasta 4 personas; y por cada quince metros cuadrados útiles auxiliares, un inquilino más.

EL TURISMO Y EL PRECIO DE LA VIVIENDA – BIENVENIDO MISTER…

Los ciudadanos españoles en un parque temático turístico

El contraste extremo del turismo: ¿fuente de riqueza o bien cultivo de pobreza?

La constatación de la invasión de los pisos turísticos en múltiples urbes de España llevaba tiempo apareciendo en ciertos medios como el habitual inconveniente del que solo unos pocos se habían percatado. Hasta el momento en que empezaba a tener dimensiones alarmantes. Se encaraba al silencio oficial de la mayor parte de las instituciones que cuentan con competencias, por el hecho de que en España las comunidades autónomas se dividen en 2 con relación al turismo: las que desean promocionarse como destino y percibir más turistas, y las que reciben muchos y no piensan que pueda haber un límite: desean más.

En ocasiones, se escuchan voces que solicitan buscar un turista con más poder adquisitivo, mas lo hacen con la boca pequeña y para aparentar. Frente a la duda, más turistas, no importa de qué manera, de dónde y a qué coste.

Como lo que pasó con la burbuja inmobiliaria, los que demandan moderación, los pies en el suelo o bien una regulación inteligente se ven arrollados por los que desean echar más lignito a la locomotora. Si bien la aguja ya haya entrado en la zona roja y prosiga subiendo. Son los segundos los que tienen el poder.

El turismo no influye solo en la residencia. El modelo turístico de España está basado en el engaño, por el hecho de que tiene presente el gasto, mas no el costo por visitante. De entrada hay que comenzar por la residencia, pues los turistas como es lógico deben radicar en algún lugar cuando están en España.

Un modelo turístico basado en hoteles, pensiones y pisos había sobrellevado aproximadamente esa tensión hasta hace unos pocos años. Lo que pasa es que, como lo sucedido con la llegada del modelo Uber, una innovación tecnológica y social llamada Airbnb, y otras, ha asolado con un equilibrio que comenzaba a ser algo precario. En un caso así, la maldad no puede atribuirse solamente a una compañía extranjera. Su impacto no habría sido tan trágico sin el deseo de bastantes personas de ganar mucho dinero merced a una propiedad inmobiliaria. Lo que siempre se ha llamado ser rentista.

La alta rentabilidad que supone para el dueño arrendar un piso a un turista por una estancia corta deja fuera del mercado del alquiler a muchos locales. No se trata de echar pestes contra los turistas pero  el incremento medio de los costes de alquiler a raíz de este fenómeno es brutal y hay que hacer algo YA.

 

El caso más extremo se ha visto en Baleares. Médicos, policías y otros funcionarios, o bien el propio personal hotelero, no hallan lugares donde vivir en Ibiza con costes que están fuera de sus posibilidades. Se arriendan habitaciones y hasta balcones por costos absurdos. Las plazas de personal médico y policial no se pueden cubrir ante la carencia de aspirantes, lo que supone un inconveniente social que se ignora cuando se habla de los beneficios del turismo.

Como en el caso de los desahucios y de las hipotecas en los que hubo que aguardar a sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos o bien del Tribunal Supremo para persuadirse de que había que solucionar situaciones meridianamente injustas, este es otro inconveniente relacionado con la residencia que los políticos han decidido ignorar. Ese mercado no se puede autorregular pues la demanda de alojamiento turístico medra de forma incontenible y los dueños de pisos jamás renunciarán a ganar el doble o bien el triple.

El tema está ya en todos y cada uno de los medios y los que mandan han tomado nota. ¿Para solucionarlo? No, para caricaturizar o bien criminalizar a los que protestan.

Londres, París, Berlín, Ámsterdam y San Francisco han empezado a adoptar medidas para regular el desarrollo desaforado del piso turístico. Es un principio. En España, queda la opción de recibir a los visitantes bajo la pancarta de bienvenida con la boina en la mano y la sonrisa en la cara. Y después irse a vivir debajo de un puente.

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