Honor Blackman: la actriz que vivió sobre dos ruedas

Honor Blackman: Actor whose judo-throwing turns in The …
Honor Blackman (22 de agosto de 1925 – 5 de abril de 2020) no fue solo una actriz que posaba sobre motocicletas para sesiones de fotos promocionales. Su relación con los vehículos de dos ruedas —motocicletas, scooters y bicicletas— fue genuina, arraigada en experiencias de vida real que comenzaron en plena adolescencia y que configuraron un perfil insólito para una estrella de su época: el de una mujer que rechazaba los moldes de la feminidad pasiva y abrazaba el riesgo físico como forma de estar en el mundo.
La mensajera en motocicleta de la Segunda Guerra Mundial

Patrick Macnee joins Honor Blackman on the back of a Royal …
Cuando estalló la guerra, Blackman era apenas una adolescente. A los 15 años se convirtió en dispatch rider —mensajera motorizada— del Home Office británico, entregando información y mensajes entre cuarteles generales y unidades de campo dispersas por Londres y sus alrededores. La propia Blackman lo describió con una mezcla de temeridad juvenil y lucidez retrospectiva: «Apenas tenía edad para montar en moto y mi madre estaba aterrorizada, pero yo pensaba que aquello era el paraíso». La realidad era bastante más cruda: conducía con los faros tapados durante los apagones obligatorios del blackout, mientras las bombas alemanas caían sobre la ciudad. El rugido del motor de su Triumph 3HW solía enmascarar el sonido de los doodlebugs —las bombas volantes V1—, de modo que nunca las oía acercarse.
Este dato biográfico no es una simple anécdota pintoresca. Sitúa a Blackman en un contexto donde las mujeres jóvenes asumían tareas de alto riesgo porque los hombres estaban en el frente, y lo hace cuando el feminismo de la segunda ola aún tardaba dos décadas en articularse como movimiento. Aquella experiencia formativa sobre una motocicleta pesada, navegando calles bombardeadas de noche, explica mucho de la actitud que luego proyectaría en pantalla.
La ciclista de Yorkshire: A Boy, a Girl and a Bike (1949)

A Boy, a Girl and a Bike (1949 film)
Solo cuatro años después del fin de la guerra, Blackman protagonizó una comedia romántica británica que gira íntegramente en torno al ciclismo: A Boy, a Girl and a Bike (1949), dirigida por Ralph Smart. En ella interpretaba a Susie Bates, una trabajadora textil de Yorkshire y miembro entusiasta de los Wakeford Wheelers, un club ciclista local cuya vida social se complica cuando un rico conductor de automóvil —que inicialmente desprecia a los ciclistas como una molestia en la carretera— se enamora de ella y se une al club para cortejara.
La película fue rodada en exteriores reales del paisaje de los Yorkshire Dales, con tomas de ciclistas pedaleando entre muros de piedra y colinas, y refleja con encanto el auge de los clubes ciclistas de la posguerra británica. El reparto incluía a una jovencísima Diana Dors y a Anthony Newley, pero era Blackman quien cargaba con el peso dramático como la chica entre dos hombres. Aunque hoy la película es un título menor, resulta un documento valioso: muestra a Blackman en bicicleta años antes de que la industria del cine la encasillara en roles más glamurosos, y confirma que su asociación con los vehículos de dos ruedas no fue un invento publicitario de los sesenta.
Cathy Gale sobre una Royal Enfield: The Avengers
La consagración de Blackman como icono de acción —y como motociclista en pantalla— llegó con The Avengers (1962-1964), donde interpretó a la Dra. Catherine Gale junto a Patrick Macnee como el impecable John Steed. Gale fue un personaje revolucionario para la televisión de su época: una antropóloga con cinturón marrón de judo, que no necesitaba que nadie la rescatara y que vestía cuero negro por razones que iban más allá de la estética.
El episodio clave para la mitología motociclista de Blackman es «Build a Better Mousetrap» (temporada 3, episodio 21, emitido el 15 de febrero de 1964), escrito por Brian Clemens. En él, Cathy Gale se infiltra en una banda de motociclistas como parte de una investigación sobre una planta atómica que provoca fallos mecánicos en un radio de dos millas. Para las fotos promocionales del episodio, Blackman y Macnee posaron al atardecer sobre una Royal Enfield que durante años fue identificada erróneamente como una Constellation de 700cc. En realidad se trataba de una Meteor Minor de 500cc, un modelo mucho más raro, con ruedas y bastidor más pequeños —lo que explica que ambos actores apoyaran los pies cómodamente en el suelo—.
Sin embargo, en las escenas rodadas del episodio, la moto que Blackman realmente conduce es una Triumph Speed Twin, no la Royal Enfield de las fotos promocionales. Blackman recibió clases de refresco en motociclismo para la grabación, aunque los periódicos de la época señalaron que ya tenía experiencia previa: había sido «courier» para un servicio de donación de sangre, lo que añade otro eslabón a su larga cadena de conducción sobre dos ruedas.
El scooter y la estampa mod de 1963
Existe una célebre fotografía de 1963 que muestra a Honor Blackman sobre un scooter Vespa, imagen que ha circulado ampliamente en internet y que acumula cientos de miles de interacciones cada vez que reaparece en foros como Reddit. La imagen captura algo esencial de la época: la fusión entre la cultura mod londinense —con su fetichismo por las scooters italianas— y el glamour televisivo de The Avengers. Blackman, con su aplomo natural y su vestuario elegante, encajaba perfectamente en esa estética que convertía a la Vespa en un símbolo de sofisticación urbana y rebeldía contenida.
La elección que lo definió todo
Hay un detalle biográfico que funciona casi como parábola. Cuando Blackman cumplió 16 años (algunas fuentes dicen 15), su padre le ofreció un regalo a elegir: una bicicleta o clases de elocución. Ella eligió las clases de elocución, una decisión que la condujo al Guildhall School of Music and Drama y, desde ahí, a toda su carrera como actriz. Es una ironía deliciosa: la mujer que acabaría siendo el rostro femenino más asociado a las motocicletas en la cultura pop británica de los sesenta rechazó la bicicleta a favor de la palabra. Pero las dos ruedas la encontraron de todas formas, primero como necesidad bélica y luego como extensión natural de una personalidad que nunca se conformó con el papel de espectadora pasiva.
El cuero, las botas y la construcción de un icono
El estilo visual de Blackman —inseparable de su imagen sobre motocicletas— merece atención por sus raíces pragmáticas. Los famosos trajes de cuero negro de Cathy Gale no nacieron de una decisión estética deliberada, sino de una necesidad práctica: cuando Blackman aprendió judo en el Budokwai de Londres con Joe y Doug Robinson para las escenas de lucha de The Avengers, descubrió que la ropa convencional se rompía o se descolocaba durante los lanzamientos. El cuero resistía. Lo que empezó como solución funcional se convirtió en fenómeno cultural: las «kinky boots» que calzaba en la serie inspiraron la canción homónima que grabó con Patrick Macnee en 1964, un single que no tuvo éxito en su lanzamiento pero que, de forma insólita, alcanzó el número cinco en las listas británicas en 1990 cuando el DJ Simon Mayo la rescató del olvido.
El Telegraph, en su obituario de moda, señaló que Blackman experimentó con las grandes tendencias de los sesenta y setenta tanto dentro como fuera de la pantalla —trajes de terciopelo, lunares, chaquetas de pana— y que en sus últimos años mantenía un estilo que oscilaba entre la ropa de noche con brillo y las chaquetas de motorista para el día. Esa dualidad —la sofisticación y la crudeza, el glamour y el cuero gastado— es precisamente lo que la distinguió de las «chicas Bond» convencionales.
El protofeminismo sobre ruedas
La historiografía cultural tiende a situar a Diana Rigg como la Avengers girl definitiva, pero fue Blackman quien rompió el molde original. Su personaje de Cathy Gale, con su doctorado, su judo y su motocicleta, fue el primer modelo de heroína de acción televisiva que no dependía de un hombre para resolver la trama. Tras su paso por Goldfinger —donde, a los 38 años, se convirtió en una de las «chicas Bond» de mayor edad—, Blackman publicó un libro de defensa personal para mujeres junto a los hermanos Robinson, titulado Honor Blackman’s Book of Self-Defence, un gesto editorial que extendía al mundo real la filosofía de autonomía física que había encarnado en ficción.
La revista Cycle World, en su necrológica de 2020, la recordó no solo como actriz sino explícitamente como rider, subrayando que su identidad motociclista no era un accesorio de marketing sino un rasgo biográfico tan relevante como sus papeles en pantalla. Del mismo modo, The Rider’s Digest le dedicó una despedida que la situaba en la intersección entre el mundo del motociclismo, las artes marciales y la interpretación, tres disciplinas que compartían un denominador común: la gestión del riesgo físico como forma de expresión.
De la Triumph de guerra a la Royal Enfield de televisión
Lo que resulta fascinante, visto en perspectiva, es la coherencia del arco. Blackman montó su primera motocicleta —una Triumph 3HW, una máquina pesada y nada apta para principiantes— siendo una adolescente en una ciudad bombardeada. Quince años después, pedaleaba por los Dales de Yorkshire en una película sobre ciclismo. Otros quince años más tarde, posaba sobre una Royal Enfield Meteor Minor y conducía una Triumph Speed Twin para la televisión. Y entre medias, se la fotografió sobre un scooter Vespa con la naturalidad de quien no está posando para una cámara sino simplemente desplazándose.
Esa línea temporal —de la Triumph militar a la Royal Enfield televisiva, pasando por la bicicleta cinematográfica y el scooter urbano— dibuja algo más que una afición: dibuja una identidad. En una industria que sistemáticamente reducía a las actrices a funciones decorativas, Blackman se las arregló para convertir los vehículos de dos ruedas en una extensión de su autonomía personal, tanto en la ficción como fuera de ella. La industria del motor, las publicaciones especializadas en motociclismo y los foros de entusiastas de Royal Enfield la reivindican hoy como una de las suyas, no como una celebridad que prestó su imagen a una moto, sino como alguien que genuinamente perteneció a ese mundo.
